Enemigo atontolinao


Las malas noticias disparan por la espalda, como el enemigo cobarde, bobo, atontolinao. Coge un rifle y tira sin rumbo, como si llevara balines de feria, de esos que nunca dan al oso de peluche grande porque estan trucados. 

Son una patada en el estómago. Peor que una mala digestión, sin Álmax, sin Omeprazol. Creer que comías el marisco más sabroso y notar la intoxicación el día después. 

Igual que el infeliz adolescente que se acerca, insensato, al tequila. Se  sobresalta del mismo modo que lo hacen sus papilas al percibir, a partes iguales, la sal y el limón. Y en primerísimo plano la colonia de bebé. 

Como se siente la traición del amigo, pleno martillazo en la cabeza plagado de recuerdos imborrables juntos. Cariño emborronado.

Así son. Llegan. Inevitablemente.

Llegan...pero se van. Llegan...pero se van... Llegan pero se van. 

Así, como las olas en la playa. 

Saltar, nadar, sumergirte, seguir la ola, hundirte, surfear... Y, según hayas entendido el mar y sus secretos,  secarte al sol de una forma... diferente. 


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