No tocar... le he echado vitaminas


 
No tocar… le he echado vitaminas

Orquídea. Curiosa flor. Dicen que regalar una es transmitir un mensaje de belleza hacia quien se ofrece, poniendo en evidencia la alta consideración y estima que la persona despierta.

Que despierte estima a esos cinco “minions” es algo que agradecí más que la propia flor, pero dicho eso – lo más importante por cierto –, me quedaba la tarea de cuidarla como se merecía.

¡Y qué poca mano tengo para las plantas! Algo que no me perdono viniendo de abuelas, tía, madre, marido y suegra con mano divina para ellas.

¿Me la llevo a casa? ¿La dejo en la ofi? A Soni se le dan bien las plantas pero dice no saber de orquídeas. Se mete en internet, me pide un vaporizador y, cada mañana, viene a echarle un vistazo para ver cómo sigue.

En ese intervalo, misteriosamente, la orquídea aparece fuera de la maceta que formaba parte del regalo.

Y va la orquídea un día y pierde una hoja, y luego otra y así empieza a preocupar- nos.

Una tarde Carmen, nombre y mujer desconocidas hasta ese momento, se acerca de forma más que prudente:

-          Disculpe mi osadía pero tenía Usted la orquídea dentro de esa maceta y no le llegaban a la raíz los rayos del sol. Es que esta planta necesita mucha luz, ¿sabe Usted?.  Así que me permití sacarla.

Se me llena el corazón porque además de abuelas, tía, madre, marido y suegra con mano divina para las plantas, he encontrado a Carmen que se desvive por ellas.

Soni me dice que se retira; que recurra a la mujer milagro, así que coloco un post-it.

“Carmen, trate a la orquídea como si fuera suya; con toda la libertad del mundo”

Así que ni corta ni perezosa y de forma ausente para mí, la imagino por las tardes, cuando la oficina calla, dedicándole un mimito a la orquídea; colocándola cerca de la ventana; aportando la cantidad justa de agua que necesita; hablándole a sus pétalos… La imagino porque no la veo pero la intuyo por la lozanía de la hojas que aún le quedan.

Y veo cómo se mantiene y cómo, día a día, sus hojas cogen fuerza.

Una tarde de más trabajo del que me gustaría, me la encuentro.

-          Ay, qué bien que  la veo. Es que anoche hablaba yo con mi marido y le contaba que la orquídea necesita algo más, que no me hago con ella…

Carmen y su marido en el sofá viendo una serie y ella comentándole a un cansado trabajador rendido tras un largo día, que la planta de la del box del rincón se le está resintiendo… No puedo de ternura con esa escena.

Varios días más tarde, de nuevo un post-it, esta vez naranja

“No tocar, le he echado vitaminas”

¿Cómo puede dar la vida cosas tan bellas? Y no sólo me refiero a las orquídeas.

“Gracias Carmen, esto es para ti”

En esta ocasión, con post-it amarillo.


 

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