LA TUK-TUKERA



LA TUK-TUKERA

La tuk-tukera vive en Lisboa.

Me pregunto si ha vivido siempre allí, porque deja mostrar un acento y vocabulario ingleses de buen colegio británico.

Viste colores amarillos, como la luz que desprende su ciudad. Mezcla con no demasiada armonía una blusa estilo oriental con camiseta de algodón y pantalones peruanos. El único denominador común es el color predominante.

Esta tuk-tukera domina el arte y se le nota en su forma de hablar. El arte de la psicología de las personas y otros tipos de arte.

Me pregunto también si su inteligencia es natural y me permito imaginarle un cierto pasado académico.

Es bella pero o no lo sabe o le importa poco. Tiene un pelo ensortijado que sujeta con dos pequeños pasadores y su sonrisa brilla como la luz de su ciudad.

Está curtida: por el sol y por la gente.

Luce sin recelo el bello de sus piernas al estilo de la mujer portuguesa y, al final de ellas, unas chanclas unisex no identifican por sí solas al género y semblante de una mujer auténtica.

Apuesto a que sabe hacer cabriolas, malabares, trucos de magia... Algún talento esconde.

Es hábil. Se quiere llevar a la clientela del tranvía a su tuk tuk y sabe que ha de justificar la diferencia de precio, pero lo hace francamente bien.

“Yo os llevo por caminos libres y no sendas marcadas por los raíles del tram. Os llevo a ver la puesta de sol al lugar que elijáis de la ciudad.  Fresh air, no carteristas,  no queues. Time is money!! You have to invest!! Pero... – apostilla- voy a
ver qué se siente siendo un turista que desea tomar un tram. Los he visto a pleno sol una hora, con frío, con viento. ¡Algo bueno debe tener! ¡Voy a ver cuál es la sensación...!

Es actriz. He encontrado su talento. Tiene una habilidad natural para interpretar. 

Ha despertado el interés de toda una cola de turistas que esperan resignados la llegada del tercer tranvía consecutivo sin poder subir por las ordas de gente que se agolpan.

En ese viaje de una hora y 50 euros, ella te cuenta historias de la Baixa, del Bairro Alto, El Chiado y Alfama. Te habla del ministro Pombal, de Pessoa y del incendio de 1755. Todo ello con más o menos rigor, pero eso es lo de menos porque vives el Lisboa más auténtico de todos los que hubieras soñado.

Ese viaje es pura diversión porque la tuk-tukera no le teme a nada: ni al tráfico, ni al riesgo, ni a la policía, ni a los turistas desnortados.

Te lleva donde tú deseas pero es que ella desea tantas cosas con tanto ahínco, que vas a acertar en todo el recorrido.

Es el viaje de tu vida porque ella da vida. Porque ella, a la vida, “se la bebe”, “se la merienda”, “se la respira”.


Me equivoqué. Tomé el atestado tranvía luso.

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