EL TUPPER, ese objeto de culto



EL TUPPER, ese objeto de culto

Los Tuppers son un ente extraño. Son el único objeto que parece un sujeto. Tienen una especie de nombre propio que los diferencia de cualquier otro enser de la casa. Enser, qué palabro. He consultado la RAE:

Enser-‘Objeto necesario en una casa o para el ejercicio de una profesión’

Pues sí señor. Necesario un Tupper es en una casa, así que es un enser sin duda.

Los Tuppers tienen mucha historia y van, ineludiblemente, ligados a las madres.

Desde que uno tiene uso de razón el Tupper existe, pero claro, hay serias posibilidades de que no hayan existido siempre, así que me documento de nuevo:

En 1946 la compañía Tupper Plastics presenta su producto bandera: un conjunto de boles redondos con tapas herméticas. Son los tazones Maravilla.

Vale. Pues entonces los Tuppers existen desde 1946 o 1947 que es cuando este buen señor se inspiró en la tapa de las latas de pintura para lograr un cierre que conservara el alimento.

Así que digamos desde “casi siempre” no ha existido ninguna casa que se precie en la que los Tuppers no hayan tenido un total protagonismo. Tanto que se han españolizado hasta llamarse (y escribirse) como tápers y a decirse con "u" en lugar de con "a". Si te digo yo que son un sujeto y tienen vida propia...

Los primeros en llegar fueron los auténticos Tupperware. Después, sin remedio, las copias.

Un aspecto interesante de esos maravillosos Tuppers es que, con los años, mantienen milagrosamente su auténtica forma y el cierre hermético, pero cogen un color amarillento muy característico. Si no fuera por lo que llevan dentro…

Cuando uno compra su propia casa o se independiza, una de las primeras compras muy necesarias es el kit de Tuppers. Como uno tiene poco dinero se va a los chinos a comprar un set de precio ventajoso.

Lo primero de lo que te percatas es que el Tupper no hace a la comida.

Tú haces unas lentejas y las metes en tu Tupper recién comprado y el sabor de las lentejas no tiene absolutamente nada que ver al que tienen las que han pasado un par de noches en el Tupper de tu madre.

Lo segundo de lo que te percatas es por qué tu madre ha usado siempre Tupperware. Cuatro veces en el lavavajillas son suficientes para que la tapa del set de Tuppers económico no cierre adecuadamente. ¡Claro! Es que las copias no siguen la metodología original de cierre tipo tapa de pintura. Esto lo he aprendido con google, hace un rato.

Así que en ese momento de la independencia empieza el trasiego de Tuppers de casa en casa y, con ese trasiego, la pérdida de tapas de pintura, digo de tapas de Tuppers. Y luego la recopilación de Tuppers y tapas, que hasta parece un trabalenguas.

¿Tienes tú la tapa de mi Tupper azul? Y si le pones tempura al Tupper de la tapa color tabaco pues ya te partes.

También están los Tuppers en el trabajo. Una deshonra hace años que la crisis ha corregido para quitarnos tanta tontería. Así que ahora tener una neverita y llevar tus Tuppers es “in” o, cuando menos, normal.

Yo les sigo llamando Tuppers porque D. Earl se encargó de mostrar su marca registrada de forma muy evidente, pero me ha dado por buscar el término táper al que ya hemos hecho referencia.

La Fundéu señala que el término táper está recogido en obras lexicográficas de referencia del idioma español (como el Diccionario Clave y el Diccionario del español actual de Manuel Seco, Gabino Ramos y Olimpia Andrés).1 No obstante, la Real Academia Española recomienda emplear los nombres tradicionales en nuestra lengua, a saber, fiambrera, tartera, tarrina o lonchera.

¿Fiambrera? ¿Tartera? ¿Tarrina? ¿Lonchera?  No soy yo muy de poner nombres en otros idiomas si puedo utilizar el riquísimo vocabulario que ofrece la lengua española, pero es que la palabra Tupper transmite mucho más que un lugar donde llevar fiambre o tarta.

La palabra Tupper va ligada a madres, abuelas, tías e hijas. Va ligada a croquetas con sabor a hogar, albóndigas hechas con cariño y Ajo Moro con todo su orégano y su vinagre rico.

Así que, sí señor. Muchas gracias al Señor Earl Silas Tupper por ayudar a que haya llegado a mi hogar tanta comidita rica.

Y gracias a todas ellas que, en cientos de ocasiones, han cedido sus preciados Tuppers (con vuelta) llenos de comida y cariño.

Para terminar, a todo mi agradecimiento le añado su marca registrada, por una cuestión de justicia.
Gracias Tupperware®


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