Respira hondo





Todo lleno: de sonidos, de emociones, de ritmo frenético. 

Veinticuatro horas son muchos minutos, pero no alcanzan.

Tráfico, teléfono, timbre, gritos, claxons, música demasiado alta, el despertador, el ruido de la ciudad, los llantos infantiles, el sonido del motor, de la radio con sus mil y un programas: los musicales matutinos, los vespertinos. Tantas palabras, tanto que escuchar.

El rumor del lavavajillas, el correr de un grifo, las teclas del ordenador, los incesantes whatsapps...

Sobrevalorado el movimiento, la actividad.

El hombre y mujer de negocios, con sus días llenos.

Corriendo. No llegando a ningún sitio. 

Moviéndonos todos a toda velocidad, haciendo nada a toda pastilla.


Ruidos ensordecedores. Vida excesiva.


No hacer.

Meditar.

Analizar.

O... no pensar.

La nada.

El silencio.

El vacío hondo. La profunda ausencia de estímulo alguno.

Sobrevaloremos el silencio. Ese silencio placentero, ese silencio cómodo aún en compañía.

Silencio. Paz.


Para. Respira hondo.


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