Me rompí




ME ROMPÍ

Siempre había querido llevar una de esas. Esas fundas que se ponen los que se rompen algo. Escayola, creo que dijo mamá que se llamaban. Desde
que vi a Andrés, el del 5º D, imaginé cómo sería llevar eso.

Yo quería romperme. Digo, romperme algo. No entero, de forma que luego no hubiera forma de pegarme ni con el pegamento ese que dice papá que lo pega todo. Loctite, creo que dijo papá que se llamaba.

Saltaba desde altos muros, montaba en bici apoyando el pie en un solo pedal y sujetando el manillar con una sola mano. Incluso bajaba el terraplén de al lado del cole sin frenos pensando en que –seguro- en una de esas, algo tendría que romperme.

Pero nada.

Yo quería sentirme distinto. Que mis amigos quisieran hacerme dibujitos en la escayola. Que los tíos y los abuelos dijeran “pobrecillo” sin darse cuenta de lo orgulloso que yo me sentiría. Que los profes me trataran con más cariño por esa novedad…

¡¡YO CON ESCAYOLA!! ¡¡UN NUEVO YO!!

Y un día, cuando menos lo esperaba, pasó. Las volteretas no son lo mío, lo reconozco, pero me las apaño siempre. Ese día quería hacer un salto único y lo único que escuché fue un chasquido de algo dentro de mi brazo.

¿¿QUÉ NARICES TIENE EL CUERPO POR DENTRO?? ¿¿CAJAS DE CORNFLAKES??

Después del sonido a cereales llegó el dolor. Caramba, yo creí que las muletas, las escayolas y las vendas venían sin dolor. Nadie me lo había contado…

Dos lagrimones rodaban por mis mejillas sin permiso y no me quedó más remedio que llamar a mamá, que me había repetido innumerables veces aquella mañana que estaba haciendo el cabra demasiado. Mamá nunca dice hacer el cabra, dice cosas más extrañas del estilo a “no te arriesgues tanto”, “te estás poniendo en serio peligro”, “eso que estás haciendo es demasiado intrépido”… En fin, ella habla a su manera y yo la entiendo a la mía.

¡¡MAMAAAAA!! ¡¡ME HE ROTOOOOOO!!

Lo siguiente que nadie te cuenta es la descomunal regañina que te casca tu madre. Y, por supuesto, nadie te dice que te quedas sin videoconsola un mes. No por el castigo (de eso no me apetece hablar) sino porque no puedes coger el nunchuck.

Y luego llega lo de la radiografía. ¿Pero quiénes se creen estos médicos para entrar ahí adentro a mirar?. No es una lupa. Es mucho más. Yo creo que fueron capaces de ver hasta mi enfado por lo de quedarme sin pasar el último nivel de Minecraft. Creo que incluso vieron la pequeña mentirijilla que le dije a mamá respecto a cómo había sido la caída.

Entonces se lían a ponerte vendas y yeso (que es como me dijo mamá que se llama eso), y más vendas y más yeso, y más vendas y más yeso… Y tendría que repetir esto varias veces más hasta llegar a las veces que lo hicieron…pero me estoy cansando.

Y venga vendas y yeso. Y eso: que sales del hospital como Tutankamon, que le conozco porque lo estudiamos en infantil. Un señor tieso, tiesísimo. Sí señor, tieso, pero con una media sonrisa porque tienes tu escayola.

Al cruzar la puerta de urgencias vi a la enfermera de los Rayos x (que es lo que dice mamá que hace que te vean por dentro) y le guiñé un ojo. Ella me respondió de la misma forma. Sí, lo habían visto todo en la radiografía: el enfado y la mentirijilla. Pero creo que será capaz de guardar un secreto. Por eso me guiñó el ojo…

Bueno, pues aquí es donde la cosa empieza a complicarse.

No puedo hacer pipí solo. No puedo lavarme la cabeza. No puedo escribir. No puedo usar el nunchuk (esto ya lo he repetido), no puedo jugar al tenis, no puedo tocar la guitarra, no puedo montar en bici…

¿¿CUÁNTOS NO PUEDOS HAY CUANDO TE ROMPES??

Mala suerte. Tocó la derecha. Yo no sabía cuál era la derecha y cuál la izquierda y lo he aprendido de una vez.

Después llegó lo de no poder dormir. Un niño duerme toda la noche. Es lo que un niño debe hacer, ¿no?. Se lo he oído decir a la abuela. Lo más importante para un niño es comer, jugar y dormir. Dormir es una de esas tres cosas, así que un niño tiene que dormir, aunque tenga una escayola, ¿no?.

También llegaron las medicinas asquerosas. Ibuprofeno, dice la señora de la farmacia que se llama lo que yo tengo que tomar (me costó aprendérmelo), pero Papá y Mamá se empeñan en darme Dalsy. Yo a veces no entiendo a los padres, de verdad. Además la doctora dijo que me lo dieran cada 8 horas y para mí que mi madre me mete la jeringuilla naranja cada media.

Llevo sólo 11 días así y ya no puedo más. Ya me han firmado todos los niños de clase y papá me ha dibujado un avión súper molón. Los aviones son lo que más me gusta del mundo. Es un caza F35.

Es que ya no me queda nada más por hacer. Ya me han dicho “pobrecillo” unas diecisiete veces. Si cuento la del portero, dieciocho. Han llamado todas mis tías, hasta la tía abuela que vive en ese pueblo donde fuimos una vez a hacer no sé qué. Ya he probado a escribir con la izquierda, a abrir mi mochila con la izquierda, me han ayudado a ponerme el abrigo todas las chicas de clase, he probado lo incómodo que es ducharse con una bolsa de plástico atada a tu brazo…

Y cuando tengo un moquete… con la izquierda me resulta mucho más difícil.

Quiero ponerme Loctite por dentro. Papá me ha dicho que no funciona hacer un agujero en la palma de la mano para que entre el pegamento y levantar el brazo para que caiga hasta el radio, tal como le he sugerido. El radio es lo que dice mamá que me he roto. A mí me suena a Cadena 100.

He intentado cortar la escayola con tijeras y se me han clavado en los dedos de la mano izquierda, así que… tengo los dos brazos heridos.

¡¡NO HAY SOLUCIÓN!! ¡¡40 DÍAS DE ESCAYOLA!!

La verdad es que no quiero estar roto. Ya no me interesa ni el caza F35.

Quiero volver a ser un Mr. Potato con cada cosa en su sitio.




A mi pequeño, que- aunque se rompe- siempre nos deja que le pongamos Loctite.

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